Los linchan y queman en Puebla; eran inocentes

En un acto barbárico y ante la mirada inhumana de los pobladores éstos  “hacen justicia” por su propia mano en Puebla.

En Acatlán de Osorio, Puebla, los pobladores quemaron vivos a tío y sobrino, acusados por una habitante de “robachicos”, pero a horas del incidente se demostró que no eran culpables. Alberto Flores Morales y Ricardo Flores Rodríguez, de 56 y 21 años de edad, vivían en Xayacatlán de Bravo. Eran campesinos de la comunidad de Tianguistengo y fueron a hacer un mandado a la comunidad de San Vicente Boquerón. El hermano de Ricardo N. reveló que su consanguíneo dejó tres niños en la orfandad, entre ellos a una niña recién nacida.

Los pobladores de la junta auxiliar de San Vicente Boquerón los detuvo, acusándolos de que se querían robar a dos niños, por lo que la policía municipal los llevó a la comisaría por actitud sospechosa. Fue entonces cuando los inconformes empezaron a convocar al pueblo y haciendo sonar la campana de la presidencia municipal, congregaron a un grupo de alrededor de 150 personas, además de generar tensión entre grupos que se congregaron en el zócalo y las avenidas cercanas. Desde un primer momento, los pobladores pidieron que les entregaran a los detenidos para hacer justicia por su cuenta, sin embargo, al no ver respuesta favorable por parte de la policía, empezaron a golpear la puerta, hasta que lograron abrirla.

Las dos personas fueron sacadas del área que sirve de acceso al Centro de Readaptación Social (Cereso), y al momento en que pusieron un pie fuera, atados con una soga, les prendieron fuego. Al ver que uno de ellos no se prendía completamente, los agresores le arrojaron gasolina y en medio de gritos, los cuerpos quedaron calcinados en cuestión de minutos, mientras decenas de curiosos grababan el hecho y tomaban fotos con sus celulares. Posteriormente otro grupo de personas, incendiaron también la camioneta en que viajaban los dos hombres, por lo que en ese momento varios ciudadanos corrieron para resguardarse ante el temor de una posible explosión. Los negocios cercanos al lugar también bajaron sus cortinas ante la falta de seguridad y la ausencia de corporaciones policiacas. Apenas unos minutos después de la ejecución pública, familiares de las personas muertas arribaron al lugar, mismos que al ver los cuerpos identificaron a Alberto N. de 53 años y Ricardo N. de 21 e indignados, exigieron justicia.

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