La indumentaria local: El terno y el hipil

El terno de Yucatán, atuendo de fiesta de la población del interior del estado, es uno de los símbolos que caracterizan a la cultura Yucateca, junto con el hipil, como comúnmente le llamamos los yucatecos, que es el atuendo cotidiano.

El arqueólogo Sylvanus Morley, en su libro La civilización Maya, nos da una descripción del traje yucateco, basándose en fuentes históricas y menciona que aparentemente el vestido de la mujer maya no ha variado mucho desde la época prehispánica, y se le conocía con el nombre de “kub”, palabra que en la actualidad se ha perdido, ya que ahora se llama huipil, que es una palabra nahuatl.Hombres y mujeres a mediados del siglo XIX ya se vestían de mestizos en las noches regionales, pero fue hasta el siglo XX cuando el tono de gala se dio con el auge del terno y el mestizo con sus botonaduras de oro o plata y se convirtieron en el traje para las vaquerías donde se bailaba jarana. Aunque este tipo de vestimenta no tiende a desaparecer, parece que su continuidad está asegurada, pero es probable que siga con modificaciones. En la colonia española, indumentaria indígena: Las mujeres indígenas de Yucatán hilaban y manejaban el telar de cintura, de hecho realizaban brocado en estas prendas. Los dibujos europeos a base de flores y pájaros de brillante colorido se generalizaron, y las monjas enseñaron a las mujeres el arte del bordado, que poco a poco fue sustituyendo el brocado en telar de cintura.

El huipil o hipil es un vestido blanco, del mismo ancho desde arriba hasta abajo, cosido lateralmente, con dos aberturas para los brazos y otra de forma cuadrada para la cabeza, las cuales, junto con la parte inferior del vestido están decoradas con vistosos motivos bordados. Debajo del hipil se usa una enagua larga y amplia llamada fustán (“pic” en maya), que en ocasiones tiene bordada la parte inferior.Durante la época de esclavos negros y mayas, el hipil y justán pasaron a formar parte de la estimenta de la población de ascendencia negra, no siendo necesario tener que portar un vestido propio para la clase social. Los conquistadores obligaron a los varones mayas a llevar camisas y otros implementos, así también el vestido femenino sufrió cambios, los españoles introdujeron la lana y la seda. El hipil indígena llegó a ser de uso cotidiano por parte de los miembros de las clases dirigentes, aunque éstos no los usaran en público.

El terno, como su nombre lo indica, consta de tres piezas: jubón, huipil y fustán.El primero es un cuello cuadrado con un ancho de 30cm aprox. sobrepuesto al huipil, el jubón es una pieza bellamente decorada con motivos bordados, su encanto radica en el escote cuadrado que deja libre parte del pecho y la espalda, con delicada audacia. El huipil es el vestido cuadrado que cubre el cuerpo de la mujer hasta media pierna, la parte inferior está decorada de igual forma que el jubón. Por último, el fustán o fustán, es un medio fondo rizado que se ajusta a la cintura con una pretina de la misma tela, debajo del huipil, y llega a cuatro dedos de los tobillos, y está decorado con encaje y bordados.

El bordado se puede hacer de diferentes tipos, el más bello, y también el más complicado es el xocbichuy, o punto de cruz, el cual se hace a mano. Los bordados se combinan, en ocasiones, con la técnica de “manicté” (del maya xmanikté), que es un calado o deshilado a mano para formar figuras o flores mediante amarres. Algunas prendas tienen únicamente adornos de este tipo, lo cual muestra la laboriosidad y el gusto de la mujer por la confección del vestido. En los pueblos aun se puede observar la veterana, clásica estampa de una mestiza sentada en un banquillo, en el patio o a la puerta de la casa de paja, bordando pedazos de raso, chermés, dacrón o seda que más tarde engalanarán algún terno.

Se ha dicho que el bordado policromo que adorna los ternos, rivaliza en riqueza de dibujo toda la gama de flores del trópico: guirnaldas de hojas en las que comulgan todas las tonalidades del verde, que se mezcla con guías de flores, “Xalíes” o campanillas azules, violetas moradas, lilas, purpúreas y amarillas, claveles reventones, abiertos y encendidos, florones escarlata, rosas rojas, flores silvestres anaranjadas. Tal es el vibrante colorido que se nos mete en los ojos la impresión de haber visto un relámpago de flamboyanes despertándose ante uno de esos crepúsculos del Sureste.

El elegante terno de mestiza de buena casta, se complementa con un fino rebozo de Santa María y con el rosario de filigrana, que el orfebre yucateco realiza, tejiendo el oro con la magia de sus manos, convirtiéndolo en largas cadenas de tres y cuatro vueltas para adornar el cuello de la mestiza elegante, y a cuyo final pende la venerada cruz del Salvador.El tono blanco es el común denominador de la vestimenta de la jarana en hombres y mujeres, en ambos casos el atuendo es de gala. 

 

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