Presencia de los libaneses en Mérida

La oleada significativa de libaneses arribados a Mérida, representan uno de los fenómenos sociales más reveladores del siglo XX en Yucatán. Los hombres y mujeres libaneses provenían de pueblos agrícolas, a menudo siendo analfabetos, pero con un temple que no solo subsanaba las carencias sino que daba para más. Hubo excepciones: con licenciatura en  economía arribó don  Michel Jacobo Eljure y antes que él  llegaron de Líbano con  cierta instrucción los señores Jorge Alam, Lázaro Farhat, Abraham Melayes y Nehmen Francis, que era tenedor de libros.  

Las causas de las migraciones libanesas son distintas de acuerdo al tiempo en que se realizan y a los pueblos de origen. En la primera mitad del siglo XIX las migraciones eran causadas por la severa crisis económica derivadas de la opresión del Imperio Otomano que dominaba  Líbano. Alrededor de 1860 la razón cambió y se intensificó la emigración: las luchas dramáticas entre drusos y maronitas obligaban al éxodo. El Imperio Otomano y las grandes potencias occidentales dividieron el Líbano dando lugar al surgimiento del Mutassarifat o “Pequeño Líbano” o “Montelíbano”. Los pueblos de maronitas que quedaron comprendidos en esta región empezaron a sufrir penurias adicionales lo que trajo como consecuencia un nuevo dinamismo en las migraciones.     

Ya en el siglo XX la Primera Guerra Mundial constituyó la gran causa de las migraciones: el Imperio Otomano estaba aliado con los alemanes, sin embargo Monte Líbano no estaba en disposición de colaborar con sus opresores . En su libro Los Libaneses de Yucatán Teresa Cuevas y Miguel Mañaná afirman que las familias Isaac y Sarquís fueron testigos de que en el pueblo de A’afissdiq una mujer cocinó el cadáver de uno de sus hijos para alimentar al resto de la familia.

Venían, desde luego, con pasaporte Turco dado el dominio de los otomanos, de ahí que se les empezara a llamar turcos, calificación que a principios del siglo XX no habría de resultar tan ofensiva dado que un señor Simón anunciaba, por esa época, su negocio como “la única casa turca”; uno de los arcos que dio la bienvenida a don Porfirio Díaz fue el de : “La Colonia Turca”; en 1913 la tienda de don Cruz Isaac se llamaba “La Bella Turca”, la de don Anselmo Razú en 1907 se llamaba “El Gran Bazar Turco”, y la de doña Afife Chuaro, “La Joven Turquía”.

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