Barrio de Santiago

El antiguo suburbio de Santiago, enclavado a unas cuantas cuadras, al poniente, de la Plaza Principal, ha sido testigo de primera línea de la transformación de la ciudad desde tiempos prehispánicos.

De acuerdo con textos bibliográficos, desde antes de la fundación de Mérida, al oriente de la antigua ciudad maya de "T'ho" hubo un asentamiento indígena al que los conquistadores bautizaron con el nombre del evangelizador de España: Santiago.

El libro Mérida en los años veintes, de Francisco D. Montejo Baqueiro, señala que: "Santiago fue barrio de indios e inclusive fue gobernado por caciques. Sus viviendas eran humildes chozas construidas en forma anárquica y desordenada a la vera de sus caminos sin traza de calles. Era el centro de la comunidad una plazoleta con un área de cien metros cuadrados, aproximadamente, en cuyos contornos se encontraban grandes solares, algunos de ellos habitados".

A su vez, los antropólogos José Fuentes Gómez y Magnolia Rosado Lugo, en su libro Mérida, el azar y la memoria, al establecer dentro de la ciudad a Santiago hacia el siglo XVII, señalan: "Se ubica cuatro cuadras al oeste y una al norte de la plaza, su plazuela era el límite oeste de la calle de la plazoleta de Mérida, -actual calle 59-; a sus flancos estaban la propiedad jesuita donada por Martín de Palomar, los patios traseros de las casas del cabildo y gobierno y algunas de las más elegantes residencias de los encomenderos".

Los mismos autores afirman que después de 1660 se inició un proceso de expansión hacia las afueras de la ciudad, que afectó a Santiago, ya que los solares que rodeaban la plazuela y la iglesia fueron ocupados por los españoles.

La consecuencia de la integración de un pueblo como barrio de la ciudad fue la presencia de otras etnias distintas a las autóctonas y europeas, como las mezclas de pardos, mestizos y criollos, varios de los cuales "eran gente calificada: carpinteros, sastres, barberos, herreros y otros eran sirvientes"

La iglesia es parte importante del núcleo de un barrio. De acuerdo con la leyenda grabada en un arco de la entrada principal del templo, se supone que se terminó de construir en 1637.

Uno de los personajes importantes de la historia de la ciudad en el siglo XVIII, fue Jacinto Uc de los Santos, quien, aunque nació en el barrio de San Román, en Campeche, en su juventud fue traído por un fraile franciscano a Mérida, específicamente al barrio de Santiago. Este indígena pasó a la historia como Jacinto Canek, o Can Ek.

Muchas son las anécdotas que oscilan entre el mito y la realidad sobre el suburbio de Santiago. Una de ellas es la versión, no confirmada, de que en el patio de una casa del barrio habría sido enterrado en el siglo XVIII el caballo que utilizó un misterioso jinete para asesinar al gobernador de la Provincia, D. Lucas de Gálvez y Montes de Oca, la noche del 22 de junio de 1792.

El actual suburbio de Santiago fue el primer pueblo de indígenas que los conquistadores se encontraron al entrar a T'ho, y precisamente le impusieron el nombre de Santiago, Apóstol de las Españas.

En la iglesia de Santiago fue enterrado el corazón de uno de los primeros obispos de Yucatán, Fray Luis de Piña y Mazo, quien murió en1795. Así consta en una lápida de piedra, escrita en castellano antiguo, empotrada en el muro norte del presbiterio del templo.

En el interior de la iglesia de Santiago, donde se supone estuvo la capilla abierta o "de indios", en el costado sur del presbiterio - sitio habitual del Cristo de la Transfiguración- hay una placa de piedra empotrada en uno de los muros que indica que en ese recinto se celebró la primera misa de la ciudad, y que el recinto fue destruido en 1916 por la "agitación política sectaria".

En los umbrales del presente siglo fue inaugurado otro escenario santiaguero -hoy día ya desaparecido-, en donde varias generaciones de meridanos se dieron cita para presenciar corridas de toros, espectáculos circenses y hasta obras teatrales: el Circo Teatro Yucateco, , fue abierto al público la tarde del 17 de junio de 1900, cuando se ofreció una corrida de toros.

Inalterable durante muchos años, la plazoleta de Santiago experimentó varias transformaciones en la década de los veintes que hicieron más agradable el panorama del barrio. La apertura de nuevos comercios y establecimientos y la construcción del mercado aceleraron el desarrollo de ese rincón meridano.

Las salas cinematográficas también formaron parte - como hasta ahora- del ambiente alegre y dinámico de un barrio lleno de recuerdos.En 1914, en el costado poniente del parque se inauguró el cine Frontera, en el mismo sitio donde, a principios de siglo, funcionó un hotel de igual nombre. A partir de noviembre de 1924, el salón cinematográfico se denominó Rialto. Hoy día en ese sitio hay un supermercado. En 1915 abrió sus puertas al público el Salón Apolo, fundado por la empresa "Juan Gálvez Torre y Cía.", al norte de la plazoleta.La fachada del teatro, donde no sólo se exhibían películas sino espectáculos de zarzuelas y operetas, representaba el rostro de un payaso con enorme boca abierta, que era la entrada.En 1922 se convirtió en el cinema Rívoli y después de muchos años se le cambió el nombre a Rex, como hasta la fecha.

Entre 1982 y 1984, la plazoleta experimentó algunas remodelaciones. Se erigió una tribuna para los espectadores, se pavimentó con ladrillos rosados las avenidas, y las calles adyacentes a la iglesia, específicamente las del norte y sur, fueron mejoradas y cerradas al tránsito. A partir de esas fechas, todos los martes se presenta el programa "Remembranzas musicales", con melodías de antaño, que reúne a numerosos vecinos del rumbo y a turistas nacionales y extranjeros.

Algunos personajes que nacieron o residieron también en alguna época en ese barrio y se han ganado un sitio en la historia son: el prócer y benemérito del Estado Gral. Manuel Cepeda Peraza, el actor Arturo de Córdova (Arturo García Rodríguez) y el compositor Guadalupe Trigo (Alfonso Ontiveros).Mons. Crescencio Carrillo y Ancona, obispo de Yucatán, vivió también parte de su infancia en el suburbio, y el destacado pedagogo D. Rodolfo Menéndez de la Peña se desligó de la vida en ese barrio.

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