¿Lo sabía? la práctica tradicional del Jéedzméek`

¿Lo sabía? cuando una persona camina despacio se le dice: ¿“no te hicieron Jéedzméek`” (ma’wajek’a’an a wiiti), o “tus padrinos estaban flacos” (dzoya’an wa máaxo’ob jek’ a wiit)? El nombre proviene de jet’s: aligerar la carga y mek’: abrazar; y se realiza para entronizar a los niños a la vida, para que sean “personas de bien”. Además, se trata de la primera “apertura de pies” que más adelante les permitirá caminar y correr con agilidad. Lo habitual es que el Jéedzméek` se realice cuando el niño tiene 4 meses, pues cuatro son las esquinas de la milpa y cuatro las direcciones cardinales. A las niñas se les realiza a los tres meses, pues tres son las piedras que sostienen el comal. Ah, y mire que son los abuelos los que usualmente apadrinan la ceremonia, pero la abuela quien se encarga de dirigir el acto. Para tan importante ritual, los padres eligen un espacio amplio en el interior de la casa o en el patio, colocan una mesa con mantel y sobre ésta ponen velas, la Santa Cruz, servilletas limpias para el p’o k’ab, un recipiente con flores y jícaras con la comida que se dará a probar al infante. En la mesa habrá “pepitas” de calabaza Xtop, que se considera dotarán al niño de inteligencia, al igual que K’aa o pinole, para que no olvide su origen; también le ofrecerán “blanquillos” (je’), para iluminar su entendimiento y sentido común. Al igual se contará con hojas de chaya y maíz con miel. No pueden faltar los utensilios para poner en la mano del ahijado durante la ceremonia, tales como el machete, coa, jícara, sabucán y hacha, si es un niño; y agujas, tijera, escoba y comal, si es niña. Para ambos se colocan libretas, libros y lápices. Y no se sorprenda de ver teléfonos celulares y computadoras portátiles actualmente. El padrino es quien abre la ceremonia. Coloca al ahijado a horcajadas y lo alimenta con k’aa, xtop y je’, mientras camina en torno a la mesa haciendo nueve vueltas del lado derecho y la madrina hará lo mismo pero del lado izquierdo. Las vueltas simbolizan un amarre (“kaa k'axik) y la apertura del mismo es el desamarre (kaa wachi'ik). Al fin de la ceremonia y ante la alegría de los presentes, los padrinos entregan al ahijado a sus padres y éstos proceden a lavar las manos de sus “estrenados” compadres con agua de ruda previamente bendecida por un H`men, y las secan. Esta parte del proceso se llama p’o k’ab y sirve para reforzar la unión de ambas familias. ¡Qué bonito ritual!, ¿no le parece?

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