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La "sobada" después del parto en el estado de Yucatán

En Yucatán, el trabajo de la partera tradicional ó "comadrona" no termina con el nacimiento del bebé, continúa durante los ocho días sucesivos al parto y, a veces, hasta cuarenta días después. Durante este período el cuerpo de la puérpera es considerado “caliente, abierto” y “descompuesto y tierno”. Devolver el cuerpo de la mujer a la normalidad es deber de la partera, que informa a la puérpera de algunas prohibiciones alimenticias y de comportamiento, evitar los “vientos de lluvia”, evitar el consumo de alimentos considerados “fríos” o levantar cosas pesadas y someterse a diferentes sobadas. Al día siguiente del parto se lleva a cabo una primera sobada para iniciar el proceso de “recomposición general” del cuerpo; al tercer día la sobada se lleva a cabo para “recomponer” los órganos y levantar el útero; al octavo día el cuerpo es “cerrado” para que la mujer salga de la condición de apertura que el parto le ha ocasionado. A los cuarenta días se produce la recomposición total del cuerpo.

El objetivo final de todas las sobadas es “componer” el cuerpo de la mujer y algunos órganos que se perciben como “fuera de lugar” y “en desorden” a causa del esfuerzo realizado durante el parto. Los órganos más afectados son el útero y el cirro. Durante el parto, de hecho, el útero se baja y el cirro se desplaza.

Al día siguiente del parto la partera va a casa de la puérpera para bañar al bebé y a desinfectar el resto de su cordón umbilical. También baña a la mujer con agua tibia (a menudo se ponen en el agua hojas de distintas plantas que se consideran “calientes”) para relajar el cuerpo, especialmente sobre los senos y el vientre, y favorecer la bajada de la leche. La temperatura del agua nunca debe estar muy caliente o fría, con el fin de evitar que la mujer sufra cambios repentinos de temperatura que puedan alterar el equilibrio de su cuerpo que se está lentamente recuperando. El hecho de que la mujer embarazada o puérpera sea percibida como “caliente” hace referencia, una vez más, a una temperatura simbólica y no real, y entra en una concepción del cuerpo en el que los conceptos de equilibrio y de equilibrio térmico son fundamentales.

El estado de calor ligado al embarazo y al parto se pone en relación directa con la sangre, elemento percibido como “caliente” por excelencia. Las parteras afirman que la sangre retenida en el cuerpo de la mujer durante los nueve meses de embarazo “calienta” el cuerpo de la mujer, la cual volverá gradualmente al estado normal de “frialdad” sólo después de los ocho días del período puerperal. El estado de “calor” en el que se encuentra la mujer, obviamente, no le permite entrar en contacto con elementos “fríos” como ciertos alimentos, el agua fría o los “vientos de lluvia”, mismos que podrían alterar bruscamente su estado térmico.

Durante la primera visita, la partera efectúa una sobada muy ligera, pues el útero de la mujer está todavía inflamado y no debe hacer grandes esfuerzos. Por lo tanto, sólo se realiza un ligero masaje sobre el vientre, los brazos y el pecho, este último para facilitar la bajada de la leche. También pueden masajearse las piernas pero sin levantarlas. El objetivo de esta primera sobada es iniciar gradualmente la “recomposición” del cuerpo, que continuará de manera más enérgica en las sobadas sucesivas. La duración de este primer masaje es de unos diez minutos. La mujer no se tiende en el suelo, permanece en la hamaca, donde reposa hasta que no retome sus actividades cotidianas. (Con información de la antropóloga Patrizia Quattrocchi).

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