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Las "pintadoras" y bordadoras de Yucatán

En Yucatán, existen dos tipos de labores de bordado: a mano y a máquina de pedal. Los diseños más tradicionales se encuentran en los hipiles bordados a mano, entre estás técnicas están las de xocbilchuy (punto de cruz o hilo contado), el chuyká el julbilchuy, el xmol nicté o manicté, el xulpudz y la rejilla o deshilado.

            La más difundida en el oriente de Yucatán es la del chuyká le sigue en importancia el xmolnicté que junto con la rejilla se encuentran a punto de extinción. En cuanto al bordado en máquina de pedal las técnicas son: el calado, el renacimiento, la rejilla, el butbilchuy, el bordado macizo, el de sombra y el guipure, de reciente introducción en la zona. Un gran número de los hipiles que usan las mestizas del oriente están hechos con las técnicas descritas, a excepción del renacimiento que se usa mayormente en la zona sur del estado.

  Una “pintadora” puede dibujar en un día, a ritmo forzado, hasta seis hipiles con flores grandes y esparcidas. Lo hará por la mañana un rato y sobre todo por la tarde y noche, cuando se han acabado los quehaceres de la casa. En cambio, bordar un hipil le llevará un promedio de entre siete y treinta días, dependiendo de la técnica a utilizar.

            El horario de trabajo de una bordadora casada es más complejo: por la mañana, después del desayuno, borda o pinta entre las siete y ocho de la mañana e interrumpe este trabajo para lavar ropa y cocinar. Entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde cuando “el sol da buena luz”, regresa a bordar “por ratos” y lo suspende a las cinco de la tarde cuando tiene que ir a leñar (cortar leña en el monte). Si debe pintar hipiles, lo hace generalmente en la noche, de ocho a diez cuando disminuyen las actividades domésticas.

Pero no todo es miel sobre hojuelas, “una bordadora sufre constantemente de dolor de cabeza, de espalda y de vientre, por el hecho de estar sentada tanto tiempo”. El embarazo altera sólo temporalmente el ritmo de la producción, pues una mujer continúa bordando hasta un mes antes de parir, porque como dicen: “tener un hijo no es cosa del otro mundo”.

            Cuando la bordadora pertenece a una cooperativa de producción artesanal, sigue realizando la producción en el hogar, pero su actividad rebasa el ámbito de éste; en la mayoría de estos casos es la propia mujer quien comercializa el producto.

 

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