La hacienda Katanchel en el Oriente

La antigua hacienda Katanchel -palabra maya que significa "donde se pregunta al arco del cielo"- se encuentra a la altura del kilómetro 24 de la vía Mérida Valladolid, a cuatro kilómetros y medio de la carretera, hacia el norte, por un camino blanco abierto para facilitar la comunicación terrestre con el lugar.

La hacienda, de 220 hectáreas, colindantes con 10,000 hectáreas ejidales, fue adquirida por los esposos Sres. Aníbal González Torres y Mónica Hernández Ramírez -español y veracruzana, promotores de la reforestación y el ecoturismo.

Antes perteneció al Ing. Erick Rubio Ancona (q.e.p.d.) y, al igual que todas las haciendas henequeneras de Yucatán durante la época colonial, fue estancia de ganado vacuno y caballar.

Estas estancias sufrieron transformaciones a mediados del siglo pasado y principios del actual, para convertirse en haciendas henequeneras por el auge del "oro verde".

Sin embargo, con el fin de la industria, la hacienda -como tantas otras en la región- fue abandonada y al cabo de los años la selva se apoderó de sus 60 edificaciones, dañándolas severamente.

En esta bella hacienda prevalecen los colores rojo oscuro con bordes blancos y acabados en madera color azul oscuro. Todos los edificios se comunican a través de caminos blancos, delimitados con piedras en los bordes.

La hacienda ofrece 40 habitaciones, de modo que se puede dar alojamiento a 80 huéspedes. Cada cuarto (llamados por los propietarios "pabellones") está bien ventilado y tiene miriñaque para evitar la entrada de mosquitos; cuenta con baño propio, terraza con hamaqueros y palapa.

Cada pabellón tiene su propia "minialberca" y hamaqueros en el interior; además, una cama matrimonial o dos individuales -según lo solicite el cliente-, ventilador y agua fría y caliente. Hay dos recámaras especiales, la "Habitación del Obispo" y la "Suite Presidencial". La primera se ubica en una de las secciones del casco principal de la hacienda, a un costado de la capilla. La habitación, pequeña, cuenta con decoración colonial y mobiliario del siglo pasado; tiene además ventilador y baño.

La "Suite Presidencial" es la más grande y mejor equipada de las habitaciones; tiene cama matrimonial, estancia, librero, clóset y amplio baño equipado con tina, finos muebles y luz natural.

La "Suite Presidencial" y la "Habitación del Obispo" comparten una alberca y terraza privadas.

De los edificios generales de la hacienda, la casa principal está acondicionada como estancia, con muebles antiguos, pisos originales, ventiladores y ambientación general que evoca las casonas del siglo XIX.

En los alrededores del añejo inmueble habita una parvada de gansos que dan peculiar imagen al entorno. Cerca de la casa principal, lo que antes era bodega se transformó en laboratorio, donde se estudian los avances de la reforestación del lugar.

En el laboratorio prestará sus servicios un grupo de 90 vecinos de las comunidades aledañas que actualmente recibe capacitación del gobierno estatal, para que sea consciente de la importancia de la preservación de las plantas y árboles de la región.

En la casa de máquinas, hoy convertida en restaurante, se sirven platillos de la "cocina mexicana contemporánea".

El restaurante está a cargo del chef ejecutivo Luis Albo, quien explica que la cocina mexicana contemporánea es una fusión de la cocina tradicional del país con la cocina de otras naciones, mediante la combinación de recetas.

Por tratarse de un restaurante de primer nivel, ofrecerá "la carta de vinos más completa del Estado" y amplia variedad de postres.

El comedor, que tiene capacidad para 80 comensales, está decorado en parte con la estructura original de la casa de máquinas y varios cuadros con imágenes del siglo XVII.

El piso es de duela de madera, las sillas son reproducciones exactas hechas en Yucatán con tres modelos copiados de Indonesia y las bases de las mesas fueron hechas en San Miguel Allende, Guanajuato. Cuenta con ventiladores, que más bien cumplen una función decorativa, por la frescura del lugar, y sistema de ambientación auditiva con música suave, diseñado por un experto en sonido.

En el restaurante se servirán cenas, ya que el desayuno se ofrece en las habitaciones y consiste en café colombiano, frutas tropicales de la región e importadas, ya sea de Estados Unidos o Chile, y panadería selecta elaborada por panaderos de Tixkokob, según la receta tradicional de los primeros tahoneros franceses que llegaron a ese municipio.

El almuerzo o "lunch" se sirve en el área de la piscina, que cuenta también con bar, vestidores y asoleadero.

La capilla del lugar conserva aún los pisos originales del siglo XVII. Se desconoce a ciencia cierta cuál era el patrono del lugar; sin embargo, algunas personas de edad que trabajaron en el proyecto en los 11 meses de rescate comentan que cuando eran muy pequeños visitaban la hacienda para participar en los novenarios dedicados a la Virgen de Guadalupe.

Otra edificación interesante es la "Tienda de raya", que fue habilitada como oficina administrativa y recepción. De allí salen los rieles de "truck" que recorren los alrededores de la hacienda.

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