¡Estamos en la temporada de la guanábana!

Estamos en la temporada de las guanábanas, que se pueden degustar en “helado”, machacados, paletas o licuados, por la carnosidad de su pulpa y su sabor extremadamente dulce; al igual que el tronco del árbol que las provee; que siempre encontrará rodeado de hormigas “meliponas”.

Si ha disfrutado de un pedazo de guanábana nos dará la razón: es casi un ritual “despepitarla” en la boca y aventar las semillas a un plato, al suelo o al vecino, habilidad que los yucatecos desarrollamos desde niños.

Además de “liderear” a las frutas anticancerígenas, la guanábana es fuente de vitamina C y fibra; son antisépticas, antibacterianas, vasodilatadoras, hipotensoras y ¡también son sedantes!, así que cuando tenga una dolencia consiga uno de estos dulces parientes.

La guanábana es menos vulnerable por su escudo de espinos. Es cremosa, jugosa y ácida. Su aroma es tan intenso que no se puede ocultar su presencia.

La sabiduría tradicional también les endilga “curar la infertilidad”. Ah, y si piensa sembrar una guanábana, hágalo donde acostumbre platicar o convivir; pues dicen que le gusta el “chisme”. Entonces cuando encuentre una mata de guanábana “cundida”, ¡sabrá cuán “comunicativa” es la gente del lugar!

Y cuando vea un árbol de guanábana con un cinturón amarrado, no se extrañe, la están “castigando” porque no ha dado fruto y de vez en cuando requiere unos buenos “fajazos” para que se anime. Y esto antes de optar por la opción “infalible”: que el hombre más joven la abrace desnudo en plenilunio y le hable bonito. Cómo ve.

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