Kikil es un paraíso escondido al oriente de Yucatán.

Tizimín, Yucatán; 14 de febrero de 2019 (ACOM).- Kikil es un paraíso escondido al oriente de Yucatán. La comunidad, de menos de 200 habitantes, se encuentra a 4.5 kilómetros de la cabecera municipal Tizimín y a una hora 50 minutos de Mérida.

La comunidad es paso obligado de turistas que se dirigen a los puertos del litoral oriente, y muchos de ellos se detienen para admirar el ex convento franciscano.

De acuerdo con José Peraza Raigoza, guía del ex convento, la iglesia comenzó a ser construida en 1740 por los frailes franciscanos y fue hecha con sascab (tierra blanca).

El lugar guarda muchas historias de los frailes franciscanos, fue la primera iglesia fundada, y de ella dependía las de más parroquias de los municipios aledaños.

Al principio también fue usado como un registro civil, así como para celebrar bautizos, misas, entre otras ceremonias de la grey católica.

El lugar también ofrece un museo con las piezas que fueron rescatadas de la iglesia.

Otra de las maravillas con la que cuenta Kikil es su parador turístico con un restaurante con capacidad para 100 comensales, en donde se ofrecen desde huevos al gusto y platillos regionales, mariscos, entre otros.

Lo más atractivo del lugar es su cenote abierto con una profundidad mayor a los 50 metros, un diámetro de poco más de 30 metros y una distancia de la superficie al espejo de agua de unos 6 metros en promedio.

A diferencia de otros cenotes turísticos, conserva sus características naturales sin modificación, y su flora y fauna originales, lo cual resulta del agrado de los amantes de la naturaleza y del turismo ecológico.

El maestro Hugo Rodríguez Núñez relató que el cenote fue habitado por los mayas, pero debido a una plaga tuvieron que cambiarse de lugar y fue así como poco a poco la mayoría dejó Kikil.

En 2015 se conformó una cooperativa con 13 familias de la comunidad, y con el apoyo que recibieron en aquel entonces de la Comisión de Pueblos Indígenas (CDI), lograron mejorar el cenote y convertirlo en un parador turístico.

De ser un lugar sucio, lleno de lodo y el escondite de jóvenes para embriagarse, se convirtió en un atractivo turístico y fuente de ingresos para las familias de la comunidad.

Como parte de sus atractivos, el cenote ha sido sede de ceremonias mayas como el Chá-chaac, para pedir agua en la región.

Actualmente el cenote y la iglesia reciben la visita de turistas nacionales e internacionales quienes se quedan maravillados por el lugar.

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