Los secretos que guarda "Sambulá" en Motul

La ciudad de Motul, a unos 30 kilómetros al noreste de Mérida, Yucatán, alberga uno de los sitios más interesantes, tanto por su belleza natural como por su historia y mitología que se entremezclan dentro del vasto saber de sus habitantes: el cenote Sambulá, que dicho sea de paso en una caverna con un cuerpo de agua en su interior.

Muchas veces, cuando se hace referencia a Motul, se dice que era el corazón de lo que fue la zona henequenera, pero también en el corazón del ciudad se encuentra el cenote Sambulá, orgullo de los motuleños y patrimonio de todos los yucatecos.

Para comprender estos sentimientos locales hay que remontar al tiempo pasado, cuando un célebre intelectual nacido en esta ciudad, don Eulogio Palma y Palma, recoge en una de sus obras, parte de la mitología local que ilustra la trascendencia de las cavidades en la cultura yucateca.

Señala en su documento que cuando era niño, le fue contado un relato fantástico que le produjo miedo, pero que por lo mismo causó su interés por el tema. Por medio del testimonio de un sirviente de su casa supo que, en el costado sur de la plaza de la parroquia de Motul, existía un cenote que antiguamente proveía de agua a los habitantes de esta ciudad. Pero tal cavidad fue clausurada cuando construyeron el atrio del templo católico y aunque muchos años después esa edificación fue parcialmente destruida para reducir su tamaño, el acceso al cenote quedó totalmente cerrado.

Para imaginar cómo era el cenote del atrio, el autor refiere otra cavidad, tan grande como el primero, el cual es conocido con el nombre de Sambulá, desde ese entonces muy visitado por los bañistas en el verano. Agrega que esta cavidad es una de las creaciones geológicas más interesantes por sus formaciones caprichosas que adornan su interior. Al entrar por la abertura del descenso, uno queda bajo la techumbre con la escasa luz que proviene del exterior. Existe otra entrada de luz que cae precisamente en el centro del cenote, en donde ya son profundas las aguas.

En el interior de esta cueva inundada hay una formación a la que se le denomina “La campana” que consiste es una roca saliente del techo, la cual, al ser golpeada con otra piedra, produce una vibración opaca como la de una campana real. También hay otro sitio al que le dicen “La tambora” y consiste en una oquedad parecida a recodo en donde el agua choca y produce un ruido similar al instrumento que remeda.

El destacado escritor comenta, y la tradición oral lo respalda, que los cenotes fueron habitados por genios, entiéndase aluxes, que tenían menos atributos y un poder más limitado que los dioses a cargo del cielo y de la tierra, pero que, en su escala, podían hacer cosas terribles a los pobres mortales, más vulnerables por su condición, a todo género de miserias. Por eso temían caer en su desagrado y que les negaran el agua. Por lo tanto, el preciado líquido era considerado un don que, con respeto y adoración, bajaban a buscar en estas fuentes de agua y cuando no era así, las quietas aguas del cenote podrían saltar y apresar al transgresor que, en castigo por su desacato, podría ser arrastrado hasta la profundidad del abismo. Por faltas más graves, las mismas aguas se levantaban como una tromba y salían de la boca del cenote para arrastrarlo todo.

Debido a esta mítica creencia, asegura Palma, que cuando entraban los naturales por el agua, llevaban en la mente un pensamiento a manera de plegaria o ruego a los dioses la expresión mu tul o má tul (no reboce). Es en este contexto aparece primeramente el nombre de Mutul para el citado centro de población y que más tarde, se convirtió en Motul.

Retornando al principio del relato, muchas veces el autor fue al lugar donde se supone debería estar el cenote del atrio de la Iglesia e imaginaba que, de pronto la tierra se abría para dar paso a una manga de agua que lo arrastraba hasta la profundidad en la cual vivían demonios como los que estaban pintados en los retablos de las iglesias. Cuando jugaba con los niños de su edad procuraba no pisar el sitio o quedarse mucho tiempo en ese lugar pues a pesar de nunca haberlo visto, no dejó de creer en su probable existencia y sus fatales consecuencias (Palma; 1901: 1-5).

La tradición oral no se agota con las aportaciones de Palma; en 1997 el señor Carlos Pinto comentó que hace mucho tiempo cerca del cenote vivía un matrimonio que tenía una hija pequeña y un mal día la niña desapareció. Los padres la buscaron desesperadamente por todos lados y no la encontraron. En su búsqueda, descubrieron un hueco grande con agua en el fondo, pues así era Sambulá. Entraron a la cavidad y vieron que era muy grande. Entonces pensaron que la niña pudo haberse perdido allí. Pasaron los años y la niña no apareció. Desde eso se dice que el cenote tiene dueño y que es el espíritu de la niña que allí se perdió. Esta es la causa de que todos los que se han muerto allí ahogados son hombres, ninguna mujer.

Desde tiempo atrás esta cueva era visitada por los hacendados que estaban instalados en los alrededores de Motul, pero se consigna que fue el  ex gobernador yucateco Felipe Carrillo Puerto, héroe, líder y mártir del campesinado yucateco, quien la acondicionó por primera vez (Laviada; 1978: 71).

De acuerdo con una fuente hemerográfica, Carrillo Puerto, acostumbraba a realizar en esa caverna reuniones con algunos legisladores para tratar asunto de la política local. En el interior de la cueva había una mesa de piedra en la cual Felipe Carrillo asentaba sus documentos y daba indicaciones a su personal. Dicho mueble desapareció cuando el lugar fue rehabilitado, hace poco más de 9 años (Moguel; 2011: 14).

Cuando el Grupo Espeleológico Ajau exploró la cavidad en octubre de 1997, pudo constatar que Sambulá es una cueva de 32.5 metros de largo y 11 de ancho en promedio, pues sus paredes tienen una forma redondeada. En la parte más profunda se aloja un cuerpo de agua, de aproximadamente 15 metros de largo y con una profundidad de 12 metros. Conviene señalar que si uno entra con una actitud de respeto y cuidado por la vida propia, los aluxes no interfieren con el goce de los visitantes o exploradores.

Un detalle muy interesante que se puede observar en esta legendaria caverna es la formación de pequeñas estalactitas en el suelo de este lugar, pues en varios puntos del área pavimentaria constatamos las formas incipientes de sedimentación que más adelante, al cabo de algunos siglos se convertirán en estalagmitas y luego en columnas.

Otra característica igualmente atractiva de esta cavidad subterránea es un fenómeno que se produce por el alto grado de humedad que existe en el interior. Si uno se introduce en los recovecos de la misma cueva, se puede observar cómo se condensa el agua en las paredes y techo, lo que se manifiesta en miles de pequeñas gotas que brillan al reflejar la escasa luz que entra a la cueva.

Debido a sus cristalinas aguas, el cenote Sambulá, ubicado en la calle 41 entre 24 y 26 de esta ciudad, hoy día es visitado por los habitantes de Motul, la gente de los municipios vecinos y por turistas de Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Argentina y, por supuesto de otros estados de nuestro país. Su encanto natural hace que mucha gente regrese a deleitarse en sus frescas aguas.

Cabe mencionar que Motul es una ciudad con todos los servicios de hospedaje y transporte que un turista pueda necesitar, es el lugar de origen de los mundialmente famosos “huevos motuleños”, y es el sitio ideal para conocer la rica variedad gastronómica de Yucatán. (Investigación del Antropólogo Carlos Evia Cervantes). 

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