El legado arqueológico de Dzilam González

Dzilam es un gran sitio cercano a la costa central de Yucatán, al cual, a pesar de encontrarse en el centro del pueblo de Dzilam González y de haber sido gravemente saqueado, no se le ha prestado atención desde que J. L. Stephens (1937: 311-313) lo diera a conocer hace más de siglo y medio. De él provienen estelas labradas en un área donde no son comunes, con arquitectura monumental relativamente conservada, y cuenta hasta con referencias históricas, por lo que es imperativo tomar medidas para preservarlo e investigarlo.

Por lo antes expuesto, se puso en marcha el Proyecto de Investigaciones Arqueológicas en Dzilam González, derivado del Proyecto Izamal del INAH. Debido a problemas técnicos y administrativos, apenas ha sido posible llevar a cabo una temporada de campo, específicamente la primera etapa de investigación, que consistió en la prospección. Los resultados del trabajo de campo fueron fructíferos, en tanto posibilitó obtener importantes datos espaciales y cronológicos que permiten comprender mejor las características del sitio.

Antecedentes

Las primeras referencias que se tienen sobre Dzilam se remontan al siglo xvi. Durante el proceso de conquista el lugar fue elegido para asentar una población hispana llamada Ciudad Real, tras el fallido intento de establecerla en Chichén Itzá (Chamberlain, 1982: 164-168). Pocos años después fray Diego de Landa menciona, en su Relación de las cosas de Yucatán (1982: 17), que las estelas de Dzilam eran más altas que las de Mayapán.

Casi a mediados del siglo xix la expedición de J. L. Stephens desembarcó en el actual puerto de Dzilam de Bravo y se internó en la península con rumbo a Izamal, pasando por el poblado de Dzilam (hoy González), donde se percató de la monumentalidad de un montículo ubicado en la plaza. Los viajeros mencionan que el edificio principal era saqueado cotidianamente para hacer reparaciones en la iglesia, construida en el lado oriente de la misma plataforma de cimentación en donde se encuentra el montículo; y que las dimensiones del conjunto eran 120m por lado en la base y 15m de altura (Stephens, 1937: 311-312).

Stephens lo describe como un palacio de, por lo menos, dos pisos, con cuartos abovedados: “Paseándome por la cima descubrí un agujero, en cuyo fondo se veía la destruida bóveda de un techo, a cuyo través se descubría un departamento inferior […] Un edificio debió extenderse a lo largo de todo el montículo, cuya parte superior se había desplomado, convirtiendo el conjunto en una masa informe y confusa de ruinas” (Stephens, op.cit.: 312).

Durante la segunda mitad del siglo xix, Teobert Maler visitó Dzilam y tomó algunas fotografías tanto de la estructura principal como de estelas y otras piedras esculpidas que estaban empotradas en muros de los edificios del pueblo (Maler, 1997). Ya en el siglo xx, Sylvanus G. Morley y Thomas Gann, en un viaje hecho en 1918 alrededor de la península, relataron que “[…] En la costa norte de Yucatán, los resultados arqueológicos fueron asimismo modestos. En Silán (sic) encontraron un montículo de 15 metros de alto por 120 metros de largo, pero sus piezas frontales, algunas de ellas grabadas, habían sido utilizadas en la construcción de la iglesia y el palacio municipal” (Brunhouse, 1973: 153).

Posteriormente, el mismo Morley brinda una descripción de las piezas, en su obra Inscriptions of Peten (1937-38), específicamente de la llamada estela 1, la cual estaba empotrada en un muro del palacio municipal de Dzilam, donde algún artista local reconstruyó la figura de un soldado con rife y bayoneta aprovechando la representación de los pies de un gobernante maya.

Desde entonces el sitio quedó en el olvido, sujeto a la depredación. Vecinos del pueblo comentan que durante la década de 1960 la estructura principal se utilizó como banco de material para la construcción de la carretera que conduce a la costa y otras calles, y que muchas de las personas que participaron en el saqueo murieron al poco tiempo, víctimas de una extraña enfermedad. Mencionan, asimismo, que un extranjero, administrador de un aserradero cercano, denunció la destrucción del montículo ante las autoridades en Mérida, con lo que cesaron los daños. (INAH, Breviario Arqueología Mexicana, Temporada de Campo 2014).

Al Interior TV

Anuncios

Radio en vivo

facebook